Atrapasueñas


de ¿Alguna vez te da por limpiar a fondo y decides tirar a la basura todo lo que no necesitas y solo ocupa espacio? Probablemente estemos de acuerdo en que no siempre es tan fácil. O bien se lo impiden otros miembros de la familia, para quienes esas cosas son importantes por alguna razón desconocida, o bien se lo impide su conciencia. O algo más.

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En casi todas las casas o pisos encontramos en los alféizares de las ventanas, armarios y estanterías todo tipo de «chucherías». Suelen ser recuerdos que nos hemos traído de vacaciones, regalos de amigos, compañeros de trabajo y conocidos, manualidades de nuestros hijos desde la guardería y muchas otras cosas. Es una gran variedad de objetos, entre los que encontramos piñas, piedras, flores secas, animalitos de cerámica, jarrones y cuencos, velas, amuletos de la suerte, huchas, candelabros y muchas otras cosas.

Cuando llega el momento de romper el pan y tienes ese objeto en las manos y te dispones a tirarlo, te vienen a la mente los recuerdos que tienes asociados a él. Y te quedas sin saber qué hacer y, en la mayoría de los casos, lo vuelves a colocar en su sitio. Pero, ¿quién va a limpiar el polvo de esas estanterías si tienes que levantar diez objetos y limpiarlos también?

Algunos consejos para los indecisos

· No es necesario que tengas expuestos toda la vida los productos hechos por tus hijos. Guárdalos tranquilamente en una caja en el ático o en el trastero. No es necesario tirarlos, a tus hijos les gustará verlos dentro de unos años o se los enseñarán a sus hijos. Solo hay que etiquetar los productos para que quede claro de qué época proceden.

· Intente guardar juntos los diferentes objetos naturales que haya traído de sus vacaciones y colóquelos de forma bonita. Por ejemplo, en un cuenco de cristal grande o en un jarrón, o utilícelos en un terrario o un acuario. Así no ocuparán tanto espacio y serán más fáciles de manejar.

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· En cuanto a los objetos de cerámica, decida claramente si le gustan o no; si no le gustan, quizá le gusten a otra persona a quien se los pueda regalar. O déjelos para que jueguen los niños, que con el tiempo seguro que los harán suyos.